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Articles by Karen Huang

Nuestro verdadero refugio es Dios

Después de la muerte de su esposa, Alfredo sintió que podría soportar el dolor mientras siguiera desayunando los lunes con sus amigos jubilados, que lo alentaban. Cuando se ponía triste, pensaba en la próxima vez que disfrutaría de su compañía. Su mesa en el rincón era su lugar seguro para superar la angustia.

¿Qué a ti?

«¿Por qué me das un pirulí de fresas cuando ella tiene uno de uva?», preguntó mi sobrina de seis años. Mis sobrinos me enseñaron desde temprano que los niños suelen comparar lo que se les da con lo que reciben otros. Esto significa que, como la tía consentidora, ¡es mejor que piense bien las cosas!

Nuevo y seguro

Durante tres años, aparte de las necesidades básicas del hogar, Susana no se compró nada para ella. La pandemia de Covid-19 afectó sus ingresos, y ella adoptó un estilo de vida sencillo. «Un día, mientras limpiaba mi apartamento, observé lo desgastadas que lucían mis cosas —compartió—. Fue entonces que empecé a echar de menos la sensación de renovación y entusiasmo. Mi entorno parecía triste y estancado. Sentí como si no hubiera nada que esperar del fututo».

Misericordia con pizza

La invitación a cenar del líder de mi iglesia y su esposa me enterneció, pero también me puso nerviosa. Me había unido a un grupo de estudio bíblico universitario que enseñaba conceptos opuestos a enseñanzas de la Biblia. ¿Me darían un sermón sobre eso?

Llamado y equipado por Dios

«Tu tarea para la exposición internacional del libro —me informó mi jefe— es organizar allí un programa de radio». Sentí temor porque era territorio nuevo para mí, y oré: Dios, nunca hice algo así. Ayúdame.

Dios conoce nuestras necesidades

Lando, un chofer de jeepney (una forma de transporte público en Filipinas) en Manila, tragaba café en un puesto junto a un camino. Después del aislamiento por Covid-19, la gente volvía a transitar, y pensó: Los eventos deportivos hoy significan más pasajeros. Recuperaré lo perdido. Por fin, puedo dejar de preocuparme.

Un corazón para Cristo

Mientras mantengas la boca cerrada —me dije—, no harás nada malo. Había estado refrenando exteriormente mi enojo hacia una colega después de malinterpretar lo que ella había dicho. Como teníamos que vernos todos los días, decidí limitar mi interacción a solo lo necesario (y vengarme con mi silencio). ¿Cómo podía un comportamiento inaudible estar mal?

Cuando Jesús se detiene

Durante varios días, el gato enfermizo no dejaba de llorar, acurrucado en una caja cerca de mi lugar de trabajo. Abandonado en la calle, muchos de los que pasaban no le prestaron atención… hasta que llegó Julio. El barrendero municipal lo llevó a su casa, donde vivía con dos perros anteriormente callejeros.

Crecer en Jesús

De niña, veía a los adultos como sabios e infalibles. Siempre saben qué hacer —pensaba—. Cuando crezca, también sabré siempre qué hacer. Ese «cuando crezca» llegó hace mucho, y lo que me enseñó es que, muchas veces, aún no sé qué hacer. Enfermedades de familiares, problemas laborales o conflictos interpersonales han arrebatado toda ilusión de control y fortaleza personal, dejándome una sola opción: cerrar los ojos y susurrar: «Señor, ayúdame. No sé qué hacer».

Soportar en Cristo

Cuando estudiaba en el seminario, teníamos un culto semanal. En uno de ellos, mientras cantábamos «Cuán grande es Dios», observé a tres de nuestros amados profesores cantando fervorosos. Sus rostros irradiaban gozo, lo cual solo era posible por la fe que tenían en Dios. Años después, cuando enfrentaron enfermedades terminales, fue esa fe la que les permitió soportar y alentar a otros.